* Los neurolépticos, antidepresivos, somníferos y antihipertensivos ponen la libido a media asta.* Herpes, hongos, infecciones locales, tricomonas y otros microbios que hacen que las relaciones sexuales sean muy dolorosas. Atención a las alergias a los espermicidas o a los desodorantes vaginales. En todos los casos, cualquier dolor durante el acto sexual debe ser reportado al médico.
* Una relación que está pasando por un conflicto. Las cuentas se solucionan también sobre la almohada, y el cuerpo no miente.
* La culpabilidad. Evidentemente, este veneno tiene su origen en la primera infancia y las consecuencias repercuten en la vida sexual, aun cuando aparentemente todo esté bien.
* El estrés. Es el parásito de nuestras emociones. El desorden: los problemas profesionales, las preocupaciones materiales, el ritmo urbano, el ruido...
* Una excitación sexual insuficiente. A menudo ocurre por falta de estimulación clitorídea. Con el tiempo, los preliminares se olvidan con demasiada frecuencia.
* La flacidez vaginal. Las causas: repetidos alumbramientos, episiotomías mal suturadas, intervenciones quirúrgicas... Resultado, los músculos pierden su tono y la cavidad vaginal se distiende. Antes de pensar en una intervención para remediarlo, puedes colocar una almohada bajo los riñones durante la penetración.
* La rutina. Mismas caricias, misma posición = mismo orgasmo. El cerebro registra el recorrido y restituye cada vez la misma intensidad de placer. En conclusión: para subirte a las cortinas, es necesario poner a trabajar las meninges y dinamitar las costumbres.
* Acumular una fijación sobre otra. ¿Esto está bien para él? ¿Ama mis manos, mis glúteos, mis senos? ¿Seré capaz de hacer que olvide a Mónica? En breve, todo lo que nos transforma en una geisha hipercompetente... Y nos hace olvidarnos de nuestro propio placer, ¡que es más importante!.

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